París, las provisiones el domingo a la mañana, calle Mouffetard, Henri Cartier-Bresson, 1954
Para dicho análisis me voy a basar en el muy recomendable libro “Ensayos sobre fotografía” de Raúl Beceyro, director de cine, estudioso y crítico de cine y fotografía y, aunque debo resumir en breves lineas lo que él explica de forma, a mi parecer, magistral, creo que sintetizo su opinión y desde luego, muchas de mis dudas sobre la forma que tenemos de acometer la fotografía.
Cuando hablamos del conjunto de la obra de Cartier-Bresson siempre destacamos su rigor compositivo, el famoso momento decisivo, su maestría técnica.
Si estudiamos esta instantánea vemos, en un primer momento, que la cabeza del niño esta en el centro de la composición, formando un triángulo con los vértices superiores de la fotografía. Analizamos también su sonrisa burlona. La sonrisa de un niño que pertenece a una clase social modesta en un París de posguerra sumido en el problema del alcoholismo. Creemos entender que la foto nos quiere transmitir todo esto, pero estamos equivocados.
Vemos también que el foco está situado en el niño y que se apoya en el diafragma para restar importancia a los otros personajes de la fotografía. Pero también estamos en un error, porque en realidad no hay dos planos, sino tres. El fondo, la cara del niño y el tercer plano y foco principal que son las manos del niño y las botellas, desproporcionadas respecto a la cabeza del niño. Aunque cara y botellas están en un mismo plano, la textura del vidrio lo convierte en foco predominante frente a la cara, que pensábamos que era el foco principal de la toma y empezamos a encontrar errores.
El niño sonríe, pero esa sonrisa que pensábamos era la esencia de la fotografía, lo que nos indica es que el niño ha descubierto las intenciones del fotógrafo. Cartier-Bresson ha llegado tarde y el niño está posando.
El segundo error es que la foto es un picado. La foto no está tomada a la altura de los ojos del niño. Un tercer error lo vemos en el horizonte: está caído a la derecha, pero aún hay más, el pie del niño está cortado. El fotógrafo ha llegado tarde, no ha tenido tiempo de agacharse para tomar la foto a la altura del niño, no ha podido componer el horizonte, ha disparado tarde y ha cortado el pie del niño.
Pero, entonces, ¿el fotógrafo del momento decisivo, el maestro de la composición falla? Seguro que no. Lo hace deliberadamente. Cartier Bresson está atacando el dominio técnico del fotógrafo, en palabras de Beceydos, la relación conflictiva entre éste y lo real.
A mi parecer Cartier-Bresson se está riendo de sí mismo y aún más, me atrevo a pensar que si en vez de en 1954 hubiera hecho esta foto hoy, se estaría mofando de términos que nos obsesionan, y que seguimos a modo de dogma, como la nitidez, el rigor compositivo o el exceso de postprocesado entre otros, y en general el purismo llevado a extremos que creo nos hace olvidar la propia esencia de la fotografía, captar y transmitir.
Saludos y perdón por el rollazo.